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De cabeza, patas arriba, contracorriente

Se nos ha enseñado a no nadar contra la corriente, aun cuando ese movimiento de traslación perpetúe los tabúes, los estigmas, la exclusión y las prácticas de marginación y desigualdad que atentan contra nuestros derechos humanos, civiles, políticos, culturales y económicos. Es tiempo de cambiar la dirección.


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