Narraciones en Primera Persona

Nuestras narraciones sinceras y abiertas son el mejor vehículo para colaborar en el entendimiento colectivo y trabajar por la justicia social. Estas historias se multiplicarán. Cuando sientas el llamado, la certeza y la convicción de que ha llegado el tiempo de compartir tu experiencia vital, medioLoCCA nacional acogerá tu relato.

Renia Rosa

Desde pequeñita me he batido en duelo contra los monstruos que no se esconden debajo de la cama. Siempre les he asestado la herida, pero el golpe nunca ha sido definitivo. Me pregunto cuánto tiempo más tendré que ponerme la armadura y prepararme para la pelea.

 

Nací en una silla, más bien en un experimento de silla que se realizaba en el hospital al que llegué. Desde hace mucho, pienso que esa anécdota marcó el inicio de una travesía que siempre se ha sentido desterrada del mundo común. Casi cuatro décadas de dolor son demasiadas para una vida. No obstante, hay algo -aún desconozco qué (aunque haga mil conjeturas)- que siempre me ha arrebatado del precipicio mayor. Seguramente, han sido mis ancestros, he sido yo, ha sido mi madre, quien siempre ha sabido esperar en el borde de ese hondo abismo a que yo regrese, con el amor más consecuente. Durante este tiempo, ha dolido más, ha dolido menos, pero el dolor no es cuestión de cantidad. Siempre me quedaba la sensación y luego, una especie de certeza, de que era tanta mi rotura vital que no habría forma de volver a ser una completa unidad. Mas volvía a recomponer mis diminutos yo. Desde hace ocho años aproximadamente, he compartido mis procesos públicamente por la necesidad de salvarme, decirle al mundo: "aquí estoy, no me abandonen, no me olviden", y por el llamado máximo a colaborar en la comprensión y el alivio de otros seres. 

Durante este viaje angustioso, he vivido todo tipo de experiencias en la búsqueda profunda de mi sanación, desde los métodos de la medicina convencional hasta los modos más atípicos. Ya como observadora de mi propio e inacabable proceso -y no solo como su actuante- puedo verlo desde una perspectiva ampliada, en la que me queda claro que me habita una gran necesidad de querer existir y vivir, aun con el miedo de las heridas, que hay una urgencia de reformar toda estructura de exclusión y opresión de la experiencia psíquica, y que somos los propios seres que la vivimos quienes tenemos el poder y el deber de generar nuestra presencia, según las bases de nuestro colectivo social para el logro de la equidad social, jurídica, política, cultural y económica.

 

Pienso que la herida no es algo que curar. La herida hay que atravesarla. Ahora, tú, yo, nosotros, vamos a volar el vacío, reconociéndonos como seres relevantes, de identidad firme y autónoma. Desde esta coalición fundamentada en la horizontalidad del liderazgo y mediante los recursos para la formación personal y la recuperación, y las tácticas para la acción social, nos brindamos acompañamiento, apoyo mutuo y la reafirmación del conocimiento sobre los derechos propios.

 

Renia Rosa, impulsora y CEO de medioLoCCA nacional, escritora, performera y gestora sociocultural. Puede acceder a su sinopsis biográfica aquí.

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Kristal M. Rivera González

No recuerdo en qué momento los pensamientos empezaron a vivir en mi cabeza por adelantado. Eran como una diapositiva tras otra; si utilizo la honestidad sin pretensión, diría que la ansiedad con ataques de pánico llegó en mi niñez sin permiso ni bienvenidas. Los miedos en la niñez son como los monstruos debajo de la cama, pero la ansiedad va mucho más allá porque esos monstruos cobran vida y se insertan en nuestra mente y damos por hecho que así es la realidad. Pasa el tiempo y de repente tienes una etiqueta “tengo el trastorno de la ansiedad generalizada con pánico”. Yo ni tan siquiera lo entendía, pero sí lo vivía. Vivir con un malestar emocional es estar en una caja de cristal y luchar con tus propios pensamientos; no hay escapatoria.

 

Ha sido un largo camino; hay que aprender del diagnóstico, redefinirse, hablarlo y aceptarse. Por supuesto nada de esto ocurre espontáneamente y de forma lineal. La vida te va poniendo a prueba y la tristeza te saca a bailar, mientras que la decepción y el abandono están en el asiento esperando su turno. Entonces hay que tomar decisiones, hay que crear espacios, gestionar acciones para que en medio del torbellino se encuentre bienestar. Hallé medios de sanación en la literatura porque escribir me vacía y leyendo mi mente se apacigua. El arte ha sido un bastón para mi alma. Y es así, el arte es el consolador. Así que desde esa postura artística facilito ayuda a otras personas que como yo sufren de ansiedad. Escribo y doy talleres para las personas que se han sentido marginadas por ser y sentir diferente.

 

Los padecimientos psíquicos han sido subestimados a través del tiempo y malinterpretados. A través de mi historia personal, siempre notaba que los profesionales se focalizaban en los síntomas de la ansiedad, una receta de píldoras y ejercicios de respiración. Cuando en mi juventud temprana una profesional propició un espacio de diálogo, de introspección, de educación, logré entender la razón por la que la ansiedad con ataques de pánico llegó a mi vida. Y es que la atención en salud es compleja y debe ser provista desde la individualidad de cada persona y desde la aceptación incondicional hacia su ser.

 

Me parece urgente que se siga fortaleciendo una perspectiva más holística e integral. Esta nueva realidad social nos sugiere que necesitamos espacios menos jerárquicos y más participativos para el diálogo. Es importante educar sobre la diversidad en la que los seres humanos vivimos nuestras emociones y nuestros sentimientos. Hay tanto de qué hablar y mucho por expresar. Y si el arte nos permite relatar nuestras historias y posicionarnos ante los retos, hagámoslo.

 

Kristal M. Rivera González es egresada del Programa Graduado de Consejería Psicológica de la Universidad Ana G. Méndez, en Gurabo. En 2013 obtuvo su título de Bachillerato en Investigación Acción-Social, de la Universidad de Puerto Rico, en Humacao. Trabaja con organizaciones sin fines de lucro en programas de desarrollo comunitario. Igualmente, se dedica a la gestoría cultural como parte de la Junta de directores del Centro Cultural Dra. Antonia Sáez de Humacao y otras organizaciones de base comunitaria. Además, escribe para plataformas sobre asuntos de la mujer, psicología y arte.